La industria química es uno de los sectores con mayor peso en la economía de la Comunidad Valenciana, pero afronta un contexto marcado por la presión regulatoria, el aumento de los costes energéticos y la creciente competencia internacional.
En esta nueva entrevista con partners de Mapex, hablamos con Jesús Carretero, director general de QUIMACOVA, para conocer cómo está respondiendo el sector a estos desafíos, con la tecnología como una de sus grandes aliadas.
Un punto de vista especialmente relevante para Mapex, que cuenta entre sus clientes con empresas asociadas a QUIMACOVA como SPB Global, Colorobbia, Laboratorios Belloch, Compo Expert y RNB.
Entrevista con Jesús Carretero, director general de QUIMACOVA
¿Cómo describirías la situación actual de la industria química en la Comunidad Valenciana?
Estamos ante un sector muy importante, que factura más de 8.000 millones de euros al año y representa aproximadamente el 13% del PIB industrial.
Además, está muy bien posicionado y diversificado, ya que está presente en más del 95% de los sectores productivos, y tiene un buen margen de crecimiento.
Es un sector muy cualificado, preparado y flexible, capaz de ajustar sus procesos y productos para seguir siendo competitivo, aunque actualmente estamos en un contexto complejo.
¿Cuáles son ahora mismo los principales retos para las empresas químicas valencianas?
Hay muchos, pero destacaría el coste de la energía y de las materias primas, la presión regulatoria, la competitividad internacional y la necesidad de talento y nuevas competencias.
Empecemos por el coste de la energía y las materias primas. ¿Por qué son un factor tan determinante?
En la industria química, algunas actividades son electrointensivas, es decir, necesitan un gran consumo de energía para fabricar sus productos. Estos productos, además, son utilizados por otros sectores, por lo que cualquier incremento del coste energético acaba repercutiendo en toda la cadena de valor.
Con las materias primas ocurre algo parecido. Dependemos de materias primas básicas para formular productos intermedios o de consumo final y, cuando aumenta su coste, tenemos que repercutirlo en la cadena de valor para seguir siendo competitivos.
¿Hasta qué punto las tensiones geopolíticas complican todavía más esta situación?
Mucho. Las empresas tienen que estar preparadas para amortiguar incrementos de costes que pueden producirse en cuestión de días. Lo hemos visto, por ejemplo, con la crisis del estrecho de Ormuz.
También hablas de una presión regulatoria cada vez mayor. ¿Cómo puede compatibilizarse con la competitividad?
Nuestro sector comparte los objetivos europeos de seguridad, sostenibilidad y descarbonización. Pero todo esto debe hacerse sin perder la coherencia y la competitividad.
Si la presión regulatoria supone una carga que las empresas, sobre todo las pymes y micropymes, no pueden asumir, existe el riesgo de que deslocalicen su producción hacia otras regiones donde estos costes no existen.
Estamos compitiendo en un mercado internacional con una presión regulatoria que otras regiones no tienen. Eso genera un gap que tenemos que seguir mitigando para no perder mercados importantes, como Sudáfrica, África Occidental o incluso el propio mercado europeo.
Otro de los retos que señalabas es el talento. ¿Qué perfiles necesita actualmente la industria?
No se trata únicamente de incorporar nuevos profesionales, sino de actualizar las competencias de las plantillas actuales.
Además de profesionales capaces de entender, interpretar y aplicar toda la regulación que está surgiendo, necesitamos perfiles relacionados con sostenibilidad, operarios de planta cada vez más cualificados en digitalización, y especialistas en mantenimiento, automatización, análisis de datos, inteligencia artificial y regulación química.
Si hablamos de tecnología, ¿cuál es el grado de madurez digital del sector químico valenciano?
Es desigual. Nos encontramos con multinacionales y grandes empresas que ya tienen avanzada la digitalización, con proyectos concretos ejecutados y trabajando con datos de calidad. Pero también hay empresas, especialmente las micropymes y las pymes, que todavía están trabajando con Excel.
Muchas empresas piensan que digitalizar implica una gran inversión, pero no tiene por qué ser así. Puedes empezar con un proyecto pequeño, tener claro qué ventaja quieres obtener, probar y ver los resultados. Después puedes escalar progresivamente.
¿Qué crees que deberían priorizar las empresas que todavía están en una fase inicial?
Sobre todo, el dato. No vale digitalizar simplemente para monitorizar. Hay que saber qué datos tienes, qué datos quieres obtener y asegurarte de que sean de calidad.
Eso te permitirá después trabajar con el partner o la solución más adecuada y conseguir que el proyecto se materialice, que aporte un beneficio y tenga una rentabilidad. Al final, la empresa invierte para obtener un ROI elevado cuanto antes.
Se habla mucho de la inteligencia artificial. ¿Dónde estáis viendo las principales aplicaciones de la IA en la industria química?
Uno de los ámbitos más interesantes es el mantenimiento predictivo: la IA permite detectar patrones anómalos antes y ayudar a reducir paradas, costes y riesgos.
También tiene mucho potencial en la optimización de procesos, porque puede analizar más rápidamente las variables de producción e identificar combinaciones que permitan reducir consumos y mejorar rendimientos.
Otros ámbitos son el control de calidad, especialmente mediante visión artificial y análisis de datos, y la eficiencia energética y ambiental, donde puede ayudar a reducir emisiones y a establecer proyectos para recircular o revalorizar recursos como el agua.
Y hay otra aplicación de la IA que está cobrando mucha importancia: la gestión documental y regulatoria. Las empresas manejan multitud de documentos y la IA puede ayudar a agilizar esta gestión, obtener resúmenes y mejorar la comunicación entre departamentos y con la propia cadena de valor.

Llevas en QUIMACOVA desde 2006. Con todos estos cambios, ¿cómo ha evolucionado el rol de la asociación a lo largo de los años?
Cuando nació QUIMACOVA, su principal misión era la representación, la defensa de los intereses del sector y la interlocución con la Administración.
Con el tiempo hemos evolucionado hacia una asociación de servicios, mucho más cercana al día a día de las empresas. Ofrecemos vigilancia tecnológica, seguimiento de la legislación, oportunidades de negocio en terceros mercados y conocimiento sobre avances tecnológicos.
Nos hemos convertido en un hub sectorial, en un clúster, para entender cómo evolucionan la legislación, las tendencias y el mercado.
¿Qué importancia tiene la colaboración de QUIMACOVA con empresas tecnológicas como Mapex?
Es fundamental. Desde 2009 tenemos un modelo en el que conviven empresas industriales con empresas colaboradoras y tecnológicas. Esto genera una sinergia muy importante.
Cuando detectamos una necesidad o un reto para el sector, podemos apoyarnos en estos partners para encontrar la solución adecuada y llevarla a la práctica.
¿Qué debería aportar un buen partner tecnológico a las empresas químicas?
Debe aportar conocimiento industrial y experiencia. Además, tiene que ayudar a las empresas a escalar los proyectos.
También debe garantizar la integración, la seguridad y la propiedad del dato. Y, sobre todo, acompañar a la empresa durante todo el proceso, porque al final esto va de personas.
Para terminar, ¿cuáles serán las claves para que la industria química valenciana siga siendo competitiva en un futuro?
La primera es tener una política industrial estable y previsible. En nuestro sector hablamos de inversiones de millones de euros y las empresas necesitan certidumbre para decidirse a invertir.
Necesitamos una energía competitiva y disponible. No basta con avanzar hacia las renovables: tenemos que contar con las infraestructuras necesarias para garantizar el suministro que requieren los procesos industriales.
Y hay que seguir reduciendo la carga regulatoria, evitando duplicidades y mejorando el acompañamiento de la Administración.
¿Y qué papel van a jugar la innovación y el talento en esa competitividad?
Van a ser fundamentales. Tenemos que acelerar la innovación para que llegue cuanto antes al mercado y reforzar la colaboración entre empresas, universidades y centros tecnológicos.
Debemos avanzar en digitalización, automatización e inteligencia artificial, porque pueden generar retornos importantes en poco tiempo.
Y, por supuesto, necesitamos talento. Hay perfiles técnicos y de FP que son cada vez más difíciles de encontrar, y debemos reforzar su formación.
Todo ello forma parte de una cuestión más amplia: preservar la autonomía industrial de Europa. Tenemos buenas empresas y buen talento, y debemos seguir apostando por una industria que ha demostrado ser estratégica y muy necesaria.
Fundada en 2003, la Asociación Química y Medioambiental del Sector Químico de la Comunidad Valenciana (QUIMACOVA) representa a la industria química de la región y cuenta con más de 260 empresas asociadas. Su misión es impulsar la competitividad del sector, defender los intereses de las empresas y acompañarlas ante los retos legislativos, tecnológicos y medioambientales.




